(Conceptos elementales)
Lejos de pensar que se trata de una simple creencia, la idea de la Reencarnación es un patrimonio ancestral, un recuerdo de la humanidad, una evidencia instintiva. En todos los pueblos de la antigüedad, desde la más remota hasta la histórica, era algo que los padres enseñaban a los hijos, y luego en detalle, los Sabios a todo el pueblo. Estos pueblos lo sentían así, interiormente y en muchos individuos florecían recuerdos de pasadas encarnaciones.
Pero a medida que la ley de los ciclos, que impera en toda la Naturaleza y de la cual la Reencarnación es una de sus múltiples resultantes, fue precipitando esta edad negra espiritual, los hombres se sumieron en el materialismo, y las necesidades de la vida ahogaron la capacidad filosófica del hombre común. En Oriente, esta enseñanza se fue transformando para las masas, en un cúmulo de creencias supersticiosas, en la que se pretendía hacer reencarnar a los hombres en animales y vegetales. En Occidente fue olvidada casi por completo, siendo en algunos casos, un conocimiento proscrito para todas las creencias Hebreo-Cristianas y Musulmanas. Este innatural estado de cosas forzó a sus sacerdotes a prometer inmerecidos premios y absurdos castigos a sus respectivos fieles e infieles, lo que las ha llevado tras algunos siglos de vida, al actual proceso de pérdida progresiva de credibilidad.




